Vacuna Pfizer, una solución muy fría… ¿Para la que estamos preparados?

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Hace casi ya un año, una nueva enfermedad nos llevó al confinamiento que, hasta el día de hoy, nos mantiene expectantes de nuevas terapias que nos permitan, poco a poco, recuperar el ritmo cotidiano de nuestras vidas: El coronavirus SARS-Cov-2.
Este nuevo virus que surgió en Wuhan, China y después se extendió a todo el mundo provocando una pandemia, es el causante de la enfermedad conocida con el nombre de COVID-19. Actualmente, América y Europa son los continentes más afectados.[1]

No obstante, noviembre del 2020 ha llegado con muy buenas noticias – ¿O no? – respecto a las vacunas producidas en las famosas empresas de biotecnología Pfizer/BioNTech para el tratamiento de esta grave y nueva enfermedad. Estas empresas proponen utilizar como nueva tecnología ARNs mensajeros (ARNm).  

El ARN es una molécula que se encarga de dirigir las etapas intermedias de la síntesis de proteínas, mientras que el ARNm es un tipo de ARN de cadena simple que se forma a partir del ADN en el proceso de transcripción en el núcleo de la célula.

La transcripción del DNA, dicho sea de paso, es el primer proceso de la expresión genética, mediante el cual se transfiere la información contenida en la secuencia del DNA hacia las secuencias de proteínas.[2] Y por esta razón es que se trata de moléculas poco estables, por lo que se enfrentan a un gran desafío: mantenerlas a temperaturas sumamente bajas [3] para su conservación.

Cabe señalar que las más de 180 candidatas a vacunas, a nivel mundial, contra el SARS-CoV-2, están basadas en diferentes plataformas de síntesis.

El SARS-CoV-2 es un virus con envoltura esférica, con tres proteínas estructurales presentes en la bicapa lipídica: la glicoproteína de pico, la proteína de la membrana y la proteína de la envoltura. La proteína de la nucleocápside está asociada con la proteína de la membrana y forma un complejo con el genoma del ARN viral. SARS-CoV-2 = síndrome respiratorio agudo severo coronavirus 2.

Pfizer/BioNTechoptaron por ensayar y proponer un tipo de vacuna que utiliza un fragmento pequeño del ARNm del virus para convertir las células de un paciente en fábricas que producen la glicoproteína de pico del coronavirus, es decir, la que forma las espigas con las que el virus penetra en nuestras células (Fig. 1).[5]

La secuencia del ARNm vírico inyectada mediante la vacuna no bastará para causar el daño que haría un virus completo, solo será suficiente para que el sistema inmunológico aprenda a reconocerla y sea capaz de desencadenar una respuesta inmune para combatir futuras infecciones. Al detectar la secuencia de la glicoproteína de pico, el sistema inmunológico producirá anticuerpos y estimulará a las células T, linfocitos producidos en la médula ósea, y cuyo principal propósito es identificar y destruir a las células infectadas.

¿Cómo funciona la vacuna?[3]

Sin embargo, el verdadero problema al que se enfrentan los creadores de esta vacuna es el hecho de que el ARN es una molécula que se encuentra bajo la amenaza constante de ser destruida por ribonucleasas (RNasas), las cuales son enzimas que catalizan la hidrólisis del ARN, es decir, aceleran la fragmentación del ARN en sus unidades básicas: los ribonucleótidos. Por si fuera poco, estas enzimas constituyen, en los seres humanos, una línea de defensa primaria contra los agentes infecciosos que utilizan ARN como información genética, por eso son extremadamente comunes, lo que trae como consecuencia que cualquier ARN tenga una vida muy corta en un ambiente desprotegido.[6]

Por lo tanto, los biotecnólogos deben realizar modificaciones en la estructura molecular del ARNm para hacerlo más estable, primero implementando el uso del inhibidor de la ribonucleasa (IR), que se une a ciertas ribonucleasas con mayor afinidad que cualquier otra interacción proteína-proteína, evitando que estas ataquen al ARN, y después realizando otra serie de modificaciones químicas en el RNAm para envolverlo en una capa protectora y, además, almacenarlo a bajas temperaturas hasta conseguir que las reacciones químicas se ralenticen hasta casi detenerlas. [3]

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Ahora bien, la vacuna de Moderna se puede almacenar a -20 ⁰C, mientras que la de Pfizer/BioNTech necesita congelarse a -70 ⁰C, ¡Una temperatura más fría que un invierno antártico!

Y ambas vacunas deben ser administradas con tres semanas de diferencia en el paciente a tratar, implicando un problema significativo pues los centros de salud, los hospitales y otros posibles sitios de vacunación necesitarán almacenar una gran cantidad de vacunas en sus instalaciones sin que se rompa la cadena de frío.[3]

Y es aquí donde la vacuna Pfizer/BioNTech muestra una gran desventaja, porque para conseguir su temperatura de conservación deberá usar ultracongeladores, que necesitan energía eléctrica, son caros y bastante voluminosos, o hielo seco, unos cilindros de CO₂ congelado que se pueden meter en una caja para transportar la vacuna y pueden durar hasta 15 días si se cambia el hielo seco cada cinco días,[3]  esto será un problema mayúsculo a considerar en los países pobres de América latina, donde dicho sea de paso, se espera más desesperadamente un tratamiento para el COVID-19.

Analizando un poco más, otras dificultades a las que nos enfrentaremos serán: I)  las decisiones sobre poblaciones prioritarias, II) la creación y mantenimiento de bases de datos para realizar un seguimiento de quién, dónde y cuándo se recibió la vacuna, así como III) considerar que las vacunas pueden tener más o menos eficacia con diferentes grupos de población y, sobre todo y no menos importante, IV) los gobiernos necesitarán campañas de relaciones públicas para persuadir a la gente de que las vacunas son seguras.[7]

Para el 09 de noviembre del 2020 Pfizer informó que su vacuna proyectó un 90% de eficacia en la prevención de infecciones en el primer análisis intermedio realizado por un comité de seguimiento de datos independiente (DMC) [7] y para el 21 de noviembre del 2020 reportó que, de acuerdo a los ensayos de fase 3, ambas vacunas han mostrado tener una efectividad de alrededor del 95%, pero los reguladores aún no han revisado los resultados.[8]

En lo que respecta a México, según Forbes, Pfizer tiene acuerdos de suministro con Chile, México y Perú y que hay otras conversaciones en curso. Pues de acuerdo a lo dicho por Alejandro Cané, el jefe de Investigación Científica y Asuntos Médicos de la División de Vacunas de Pfizer en una entrevista en Argentina, los países de América Latina y otras regiones deberían tener “líneas de tiempo similares” a las de Estados Unidos. Y en cuanto a la necesidad de la vacuna de mantenerse a temperaturas ultrabajas, lo que genera complicaciones en regiones menos desarrolladas como América Latina, Cané explicó que la firma espera tener una segunda generación de la vacuna para el 2022. [9]

De acuerdo a lo expuesto en esta nota, ¿Esta solución rápida presenta una esperanza real de tratamiento? Biológicamente sí, pero… ¿Qué hay con la realidad social de los países de Latinoamérica? Esperemos con la mejor expectativa lo que ocurrirá en las próximas semanas pues lo que sí es un hecho, es que se requiere ya un tratamiento.


REFERENCIAS

[1] Gob.mx. (2020). Información accesible. 10 noviembre 2020, de Gobierno de México Sitio web: https://coronavirus.gob.mx/informacion-accesible/
[2] Laurence A. Marchat y Carlos Alberto Castañón Sámchez . (s/f). El Mensajero de la Célula. 10 nov 2020, de Casa del tiempo Sitio web: http://www.uam.mx/difusion/casadeltiempo/05_iv_mar_2008/casa_del_tiempo_eIV_num05-06_73_75.pdf
[3] Manuel Peinado Lorca, José Miguel Sanz Anquela y Luis Monje. (2020). Covid-19: ¿Por qué las primeras vacunas exigen congelación? 10 noviembre 2020, de The Conversation Sitio web: https://theconversation.com/covid-19-por-que-las-primeras-vacunas-exigen-congelacion-150611
[4] L. Salleras. (2002). Tecnologías de producción de vacunas (II). Vacunas inactivadas. 10 noviembre 2020, de ScienceDirect Sitio web: https://www.sciencedirect.com/sdfe/pdf/download/eid/1-s2.0-S1576988702702835/first-page-pdf
[5] Gregory A Polonia, Inna G Ovsyannikova, Richard B. Kennedy. (2020). Inmunidad al SARS-CoV-2: revisión y aplicaciones a vacunas candidatas de fase 3. 10 noviembre 2020, de ScienceDirect Sitio web: https://www.sciencedirect.com/science/article/pii/S0140673620321371?casa_token=U6DOXAS4spQAAAAA:HIFi2YqzEEeyei_DE6dppKsblptCjcYiAGsvgvuRPSurxpvrEU-mg3AYSxEUYTN_1-FUTayxrhHc
[6] XIOMARA ÚSUGA, MARÍA TERESA RUGELES. (2006). Ribonucleases: Theurapetical potential on Viral Infections. 12 noviembre 2020, de Scielo Sitio web: http://www.scielo.org.co/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S0120-548X2006000200003&lng=es&nrm=iso&tlng=es
[7] Tim Lister. (2020). El mundo no está preparado para administrar la vacuna contra el covid-19. 12 noviembre 2020, de CNN Sitio web: https://cnnespanol.cnn.com/2020/11/21/el-mundo-no-esta-preparado-para-administrar-la-vacuna-contra-el-covid-19/
[8] Randy Osborne. (2020). Pfizer, el arma superior de Biontech, ¿un luchador de élite en vacunas COVID-19?. 12 noviembre 2020, de BioWorld Sitio web: https://www.bioworld.com/articles/499956-pfizer-biontechs-top-line-gun-an-elite-fighter-in-covid-19-vaccines
[9] Forbes Staff. (2020). Pfizer prevé arribo de su vacuna a Latinoamérica en semanas. 21 noviembre 2020, de Forbes México Sitio web: https://www.forbes.com.mx/noticias-pfizer-preve-rapido-lanzamiento-de-su-vacuna-covid-19-en-latam/

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